21 de Julio de 2009
El calor del te me quema las manos, me entibia las mejillas, lento sube el humo de olor afrutado hasta mi rostro, su danza en ceremonia marca siluetas traslúcidas en el espacio que hay entre la taza y mis labios.
Así tu recuerdo, al tercer sorbo, revive en mi boca, como las hojas y las flores secas reviven aromáticas y fuertes en contacto con el agua hirviente.
El te que reconforta, que alivia, que calma tempestades, que acelera corazones, que te conduce dulce a soñar despierto, es le te que me preparo con las hojas que cayeron del árbol de tu cuerpo y las flores que brotaron de los poemas que recitaste.
Te bebo a sorbos, despacio...completamente
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